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Citas: William James

“Actúa como si lo que hicieras marcara la diferencia. Así es”.

William James (1842-1910) fue un filósofo estadounidense y una de las figuras destacadas en el nacimiento de la psicología, ejerciendo como profesor en la Universidad de Harvard (fuente: Wikipedia).

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¿Se pueden lograr los propósitos de Año Nuevo?

Al empezar un nuevo año, la mayoría nos planteamos qué queremos cambiar para que nuestra vida sea mejor: apuntarnos al gimnasio, aprender inglés, dejar de fumar, leer más, tener la casa más limpia, ver menos televisión…

El problema está en que antes de llegar a febrero ya nos falla la voluntad y nos olvidamos de nuestros buenos propósitos (al menos hasta el año siguiente). Plantearse mejorar nuestra vida está muy bien y es posible. El error está precisamente en cómo nos planteamos los cambios.

Lo primero es fijar un objetivo claro y realista: si queremos bajar de peso, es mejor decidir que queremos bajar diez kilos a lo largo del año, si queremos leer más, debemos fijarnos leer dos libros al mes, o si queremos tener la casa más limpia, deberíamos incluir en nuestra agenda media hora de mantenimiento diario y una limpieza más profunda los sábados por la mañana. Además, deberíamos ponerlo por escrito y en forma de compromiso (“yo, X, me comprometo a Y durante este año, y para comseguirlo haré Z”).

Lo segundo es no confiar sólo en nuestra fuerza de voluntad, ya que ésta se agota con el tiempo. Para ayudarnos, debemos ligar emociones positivas con nuestros propósitos y darnos tiempo para crear nuevos hábitos. Para ligar emociones positivas, debemos imaginar cómo nos sentiremos a medida que vayamos consiguiendo mantener nuestro propósito, visualizándonos mientras lo conseguimos, y cómo nos sentiremos si no lo logramos. En cuanto a los hábitos, se estima que para que algo se convierta en un hábito debe practicarse durante más de 30 días ininterrumpidamente.

También puede ayudarnos el fijar metas más pequeñas a lo largo de la consecución de nuestro propósito, y decidir unas recompensas por el cumplimiento de cada una de ellas. Por ejemplo, si queremos dejar de fumar, podemos “regalarnos” algo del mismo importe de lo que nos ahorramos en tabaco, al cabo de una semana, de un mes, de tres meses…

¡Ojo! Tenemos que estar preparados para las recaídas, y estar decididos a seguir a pesar de ellas. Simplemente tenemos que aceptar nuestros momentos de flaqueza, y plantearnos que no pasa nada, que hay que seguir hacia adelante y que un pequeño tropiezo no desmerece lo que hemos conseguido hasta entonces.

Otro aliado puede ser el llevar un diario sobre nuestro propósito, y cuando nos sintamos flaquear, escribir en él para combatir la ansiedad, releer los logros que hemos tenido y felicitarnos por lo bien que lo estamos haciendo. Esto nos puede ser especialmente útil en propósitos como dejar de fumar o bajar de peso, donde el estrés y la ansiedad pueden superarnos con facilidad.

También debemos preparar aquellos materiales o equipamiento que creamos que podemos necesitar para conseguir nuestro objetivo (parches de nicotina, zapatillas y ropa de deporte, guantes y productos de limpieza, una colección de libros que nos parezca interesante…).

Si creemos que algún familiar o amigo pueden compartir nuestro propósito, también podemos embarcarlos en nuestro proyecto. Nos animará tener a alguien con quien hablar en los momentos difíciles, con quien compartir las alegrías, que nos “obligue” cuando nos pille un día flojo…

Y finalmente, ser conscientes de que no tenemos que esperar a Año Nuevo para marcarnos un propósito que nos mejore la vida. Esta semana vale, que sólo faltan 3 días, pero cualquier día 1, o lunes, o al día siguiente, o esa misma mañana en la que te levantes con ganas de cambiar, ése es el mejor momento para empezar tu buen propósito.

¡Mucho ánimo!