Resiliencia

La RAE define la resiliencia como la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Tan simple como eso, y tan difícil de conseguir en la realidad.

La resiliencia es uno de los pilares de la psicología positiva. Situaciones difíciles y/o estresantes se nos presentan a todos, pero la diferencia entre los que salen airosos y los que acaban teniendo algún tipo de trastorno se explica básicamente por la resiliencia de cada uno. No sólo eso, sino que a veces las personas que reciben más palos de la vida son mucho más fuertes e incluso optimistas que las que han tenido vidas más sencillas. Muchas veces podemos oír a nuestros mayores (que han pasado por guerras, épocas de hambre, pérdidas de hijos y otros familiares por enfermedades que ahora están casi erradicadas…) criticar a las generaciones siguientes con los típicos “en mis tiempos nadie estaba estresado” o “nosotros no teníamos que ir al psicólogo”. ¿Es eso cierto?

En parte, sí. La capacidad de resiliencia está relacionada con diferentes factores, como pueden ser aceptar con más facilidad los cambios, la sensación de control ante las situaciones, aceptar las situaciones negativas o estresantes como una parte más de la vida, tener mayor capacidad de compromiso, hablar con los demás sobre la situación, ser capaces de perdonar a los demás y a uno mismo… La religión o el estilo de vida de hace unas décadas parecen contribuir a reforzar algunos de estos factores.

Ahora nos encontramos con una sociedad más laica, más individualista y más “sobreprotegida” (en el sentido de que tenemos unos avances médicos enormes o unos derechos garantizados por ley). Así que, cuando las cosas se tuercen, nos cuesta mucho más aceptar que eso que pasa nos esté pasando a nosotros. En definitiva, si queremos aumentar nuestra capacidad de resiliencia, tenemos que tomar la actitud de enfrentar las cosas como una oportunidad para aprender y para crecer.

Hay que perder el miedo a actuar, y aceptar nuestros errores como lo que son, una oportunidad de corregir y mejorar. Y ante las adversidades, tener presente que la vida está hecha de lo bueno y de lo malo, disfrutar y alegrarnos constantemente de lo que tenemos, y aceptar cuando nos viene una mala racha, porque ya vendrán tiempos mejores.

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