Archivo mensual: diciembre 2010

Proverbios (I)

“No puedes evitar que los pájaros del pesar sobrevuelen tu cabeza, pero puedes impedirles anidar en tu pelo”

Proverbio chino

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¿Se pueden lograr los propósitos de Año Nuevo?

Al empezar un nuevo año, la mayoría nos planteamos qué queremos cambiar para que nuestra vida sea mejor: apuntarnos al gimnasio, aprender inglés, dejar de fumar, leer más, tener la casa más limpia, ver menos televisión…

El problema está en que antes de llegar a febrero ya nos falla la voluntad y nos olvidamos de nuestros buenos propósitos (al menos hasta el año siguiente). Plantearse mejorar nuestra vida está muy bien y es posible. El error está precisamente en cómo nos planteamos los cambios.

Lo primero es fijar un objetivo claro y realista: si queremos bajar de peso, es mejor decidir que queremos bajar diez kilos a lo largo del año, si queremos leer más, debemos fijarnos leer dos libros al mes, o si queremos tener la casa más limpia, deberíamos incluir en nuestra agenda media hora de mantenimiento diario y una limpieza más profunda los sábados por la mañana. Además, deberíamos ponerlo por escrito y en forma de compromiso (“yo, X, me comprometo a Y durante este año, y para comseguirlo haré Z”).

Lo segundo es no confiar sólo en nuestra fuerza de voluntad, ya que ésta se agota con el tiempo. Para ayudarnos, debemos ligar emociones positivas con nuestros propósitos y darnos tiempo para crear nuevos hábitos. Para ligar emociones positivas, debemos imaginar cómo nos sentiremos a medida que vayamos consiguiendo mantener nuestro propósito, visualizándonos mientras lo conseguimos, y cómo nos sentiremos si no lo logramos. En cuanto a los hábitos, se estima que para que algo se convierta en un hábito debe practicarse durante más de 30 días ininterrumpidamente.

También puede ayudarnos el fijar metas más pequeñas a lo largo de la consecución de nuestro propósito, y decidir unas recompensas por el cumplimiento de cada una de ellas. Por ejemplo, si queremos dejar de fumar, podemos “regalarnos” algo del mismo importe de lo que nos ahorramos en tabaco, al cabo de una semana, de un mes, de tres meses…

¡Ojo! Tenemos que estar preparados para las recaídas, y estar decididos a seguir a pesar de ellas. Simplemente tenemos que aceptar nuestros momentos de flaqueza, y plantearnos que no pasa nada, que hay que seguir hacia adelante y que un pequeño tropiezo no desmerece lo que hemos conseguido hasta entonces.

Otro aliado puede ser el llevar un diario sobre nuestro propósito, y cuando nos sintamos flaquear, escribir en él para combatir la ansiedad, releer los logros que hemos tenido y felicitarnos por lo bien que lo estamos haciendo. Esto nos puede ser especialmente útil en propósitos como dejar de fumar o bajar de peso, donde el estrés y la ansiedad pueden superarnos con facilidad.

También debemos preparar aquellos materiales o equipamiento que creamos que podemos necesitar para conseguir nuestro objetivo (parches de nicotina, zapatillas y ropa de deporte, guantes y productos de limpieza, una colección de libros que nos parezca interesante…).

Si creemos que algún familiar o amigo pueden compartir nuestro propósito, también podemos embarcarlos en nuestro proyecto. Nos animará tener a alguien con quien hablar en los momentos difíciles, con quien compartir las alegrías, que nos “obligue” cuando nos pille un día flojo…

Y finalmente, ser conscientes de que no tenemos que esperar a Año Nuevo para marcarnos un propósito que nos mejore la vida. Esta semana vale, que sólo faltan 3 días, pero cualquier día 1, o lunes, o al día siguiente, o esa misma mañana en la que te levantes con ganas de cambiar, ése es el mejor momento para empezar tu buen propósito.

¡Mucho ánimo!

Citas: Gibran Jalil Gibran

“Escogemos nuestros pesares y nuestras alegrías mucho antes de que las experimentemos”.

Gibran Jalil Gibran (1883-1931) fue un poeta, escritor y pintor libanés (fuente: Wikipedia).

El Gordo de Navidad y la correlación ilusoria

Ya que estamos en la víspera de “El Día de la Salud”, he pensado que es el momento idóneo para introducir el concepto de correlación ilusoria, que explicaría ciertas actitudes de las personas a la hora de participar en juegos de azar.

La correlación ilusoria consiste en creer que existe una relación entre dos fenómenos que en realidad no están relacionados, o bien que una relación débil es mucho más fuerte de lo que en verdad es. En las notícias dedicadas a la lotería de Navidad podemos ver multitud de ejemplos: el que compra el número que se corresponde con el día del nacimiento de su hija, los que compran décimos de un pueblo donde ha habido un desastre natural, los que van a una administración que ya repartió un premio el año anterior, los que cada año juegan el mismo número pensando que cada vez están más cerca… Matemáticamente, todos los números tienen la misma (pequeñísima) probabilidad de ser agraciados con “el Gordo”, ya que cada año están todos en el bombo, pero muchas personas piensan que una combinación en particular o cualquier otra variable les da ventaja sobre el resto de compradores.

Estas falsas creencias no suponen ningún problema cuando somos conscientes de ello y simplemente nos predisponen a escoger décimos acabados en 8 o a comprar la lotería en una ciudad vecina. Pero a veces se corre el peligro de perder el control, empezar a gastar demasiado y acercarnos progresivamente a la ludopatía (donde la ilusión de poder manipular el azar a nuestro antojo es muy manifiesta).

De todas formas, lo que es indudable es que si no juegas la probabilidad de que te toque es cero, así que ¡buena suerte!

¿Cómo son los niños con TDAH?

Echad un vistazo al corto “Hyperactive”, donde podréis ver las evoluciones de una simpática mariquita hiperactiva:

Cuando pensamos en niños hiperactivos, pensamos en niños que no pueden parar de moverse, claro, pero no somos conscientes de lo que significa la impulsividad. En el video está muy bien representado en el momento en el que la mariquita va a la colmena y despierta a todas las abejas. Los niños con TDAH actúan sin pensar en las consecuencias, y eso puede ser un obstáculo a la hora de relacionarse con los demás, pero también puede acarrearles riesgos (accidentes, bullying…). La comprensión (y la paciencia) serán nuestros mejores aliados para convivir con ellos.

Autoconcepto y autoestima

Este post trata sobre dos términos que van muy ligados: autoconcepto y autoestima. La autoestima es un concepto de uso corriente hoy día, pero el autoconcepto quizá no es tan conocido (aunque la propia palabra da muchas pistas…).

Por autoconcepto entendemos la imagen que tenemos de nosotros mismos en lo referente a nuestro aspecto, nuestras capacidades y habilidades a nivel intelectual, psicológico, social, etc. Es una construcción mental que nos permite definirnos y situarnos dentro de cualquier entorno. Este autoconcepto es revisable, se crea en la infancia y va evolucionando a medida que vamos incorporando diferentes características a nuestra persona. Por ejemplo, yo me puedo definir como una mujer de estatura media, morena, madre de dos hijas, estudiante de psicología, extrovertida, optimista, despistada… Este autoconcepto se refiere sólo a las características que conforman mi persona, es decir, no tiene necesariamente un valor afectivo asociado (ser despistado puedo verlo como un defecto o como una característica entrañable), aunque si nos percibimos como “feos”, “tontos”, “vengativos”, “cobardes”… difícilmente podremos hacer una valoración positiva de nosotros mismos.

La autoestima es la apreciación que hacemos de nuestro autoconcepto. Una autoestima bien ajustada nos permite ser conscientes de nuestros defectos y de nuestras virtudes, y aceptar la opinión de los demás hacia nosotros mismos, bien sea una crítica o un elogio, en su justa medida. Así, podemos sentirnos a gusto con nosotros mismos (tenemos una autoestima alta) cuando nos respetamos y creemos en nosotros mismos, mientras que podemos sentirnos a disgusto (tenemos una baja autoestima) cuando no nos valoremos y pensemos que no somos capaces de enfrentarnos a los retos y los problemas que se nos plantean en la vida.

Autoconcepto y autoestima pueden trabajarse para cambiar nuestra percepción sobre nosotros mismos, y reducir la problemática asociada a la falta de autoestima:

  • Inseguridad y falta de confianza en nosotros mismos
  • Dificultad para establecer nuevas metas y reconocer nuestros méritos
  • Dificultad en la toma de decisiones por miedo a equivocarnos
  • Dependencia de otros y búsqueda de aprobación
  • Problemas de asertividad y miedo a expresar nuestros sentimientos
  • Dificultad de relacionarse con otros y de intimidad
  • Autocrítica y culpabilidad excesiva

Esto puede traducirse en patologías como problemas de sueño, ansiedad, depresión, trastornos de la alimentación, problemas de pareja, disfunciones sexuales, dependencias…

Las ventajas de escribir a mano

Os copio un artículo aparecido hace unos días en la edición digital del diario “El Mundo“, escrito por Isabel F. Lantigua:

Los “tengo ganas de verte”, “te echo de menos” y, sobre todo, los “te quiero” parecen más sinceros cuando están escritos a mano, cuando al ver el papel o abrir el sobre se descubre la tinta del bolígrafo y quien lee la nota distingue la letra de la persona a la que ama. Pero el aspecto romántico no es el único beneficio de esta práctica, cada vez más en desuso. Además de contribuir a las relaciones amorosas, redactar a mano tiene ventajas para el cerebro, según apuntan recientes investigaciones. Entre otras cosas, ayuda a fijar conceptos, a aprender un nuevo idioma y a mantener la mente activa.

Gracias a imágenes de resonancia magnética, científicos de la Universidad de Indiana (EEUU) han visto que al escribir a mano se activan más regiones del cerebro y se favorece el aprendizaje de formas, símbolos y lenguas. Asimismo, según explican los autores al diario‘The Wall Street Journal’, esta técnica ayuda a expresar mejor los pensamientos y las ideas. Incluso para algunos trastornos neurológicos, la habilidad en esta escritura puede servir como una herramienta de diagnóstico.

Según indica a ELMUNDO.es Virgilio Hernando Requejo, neurólogo del Hospital Madrid-Norte Sanchinarro, “la representación que tiene la mano en la corteza cerebral es enorme. Al escribir con bolígrafo utilizamos mucho más el cerebro que cuando usamos el teclado del ordenador. Si dejamos de escribir a mano durante un tiempo, está claro que las estructuras cerebrales van a cambiar”.

Sin embargo, más que el cambio en el cerebro, el mayor peligro que este experto ve en las nuevas tecnologías es “el desentrenamiento de la memoria”. El doctor Hernando señala que “ahora está todo en el iPhone y dispositivos similares, tenemos mucha más información en el bolsillo, pero no somos capaces ni de recordar un número de teléfono y eso es lo verdaderamente preocupante”.

¿Un retroceso?

“Es bueno seguir escribiendo a mano, porque al hacerlo se piensa más lo que se está diciendo, pero el hecho de que cambiemos esta práctica tampoco quiere decir que retrocedamos”, matiza este especialista. “Me recuerda a cuando los mayores nos decían que nos íbamos a atrofiar por dejar de estudiar Latín. Pues tenían razón en parte, porque es un idioma más, la base del nuestro y además con declinaciones, lo que facilita el aprendizaje de otras lenguas. Pero en realidad no ha pasado nada. Pese a todo, pese a que ya casi nadie sabe Latín, lo cierto es que ahora hay más gente que habla más de un idioma, así que lo que se ha perdido por un lado se ha ganado por otro”, dice.

Lo mismo se puede aplicar a la escritura manual. “Al ir dejando de lado esta práctica se pierden algunas habilidades, evidentemente, pero se pueden ganar por otra parte“, dice Hernando Requejo, que además bromea con que “la mala escritura manual de algunos médicos da más problemas que ventajas”.

Los creadores de los nuevos dispositivos informáticos también son conscientes del ‘encanto’ que tiene la escritura manual y, por eso, han desarrollado algunas aplicaciones que la imitan, aunque sea en la pantalla. El propio presidente de EEUU, Barack Obama, fue tentado para firmar un autógrafo, haciendo su garabato, en la pantalla de un iPad.“Para los nostálgicos, no todo está perdido”, reconoce el neurólogo.